Alergias: la reacción excesiva del sistema inmunitario. Definición, síntomas y tratamiento

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¿Qué encontrarás en esta guía?

1. ¿Qué es una alergia?

2. ¿Qué sustancias desencadenan alergias?

3. ¿Por qué desarrollamos alergias?

4. ¿Qué puede reducir el riesgo de desarrollar una alergia?

5. ¿Cómo es un tratamiento?

1. ¿Qué es una alergia?


Una alergia es una reacción de defensa excesiva y patológica de nuestro sistema inmunitario frente a sustancias normalmente inofensivas. Estas sustancias, llamadas antígenos (por lo general polipéptidos o proteínas), pueden unirse a anticuerpos (moléculas proteicas formadas por el sistema inmunitario para combatir a los patógenos) y a determinados receptores, provocando así una reacción excesiva del sistema inmunitario.

Se distingue, por un lado, el tipo inmediato, en el que los síntomas aparecen justo después del contacto con el alérgeno, como la reacción inmediata al polen. Por otro lado está el tipo tardío, cuyos síntomas no se manifiestan hasta unas 12 horas después. La reacción alérgica puede desencadenarse por contacto cutáneo, inhalación, ingesta de alimentos o inyección. Estos desencadenantes pueden provocar distintos síntomas, ya sean localizados o en todo el cuerpo.[1] Entre los síntomas se cuentan la piel enrojecida y con picor, que puede llegar a erupciones intensas. También pueden aparecer goteo nasal, estornudos, ojos hinchados, tos, asma alérgica y mucosas inflamadas. En casos raros aparecen también dolores de cabeza y cansancio y, en el peor de los casos, puede producirse un choque anafiláctico (estado potencialmente mortal).[2] Como cada persona tiene una forma individual de alergia y reacciones de distinta intensidad, los alérgicos suelen sufrir limitaciones en su día a día.

2. ¿Qué sustancias desencadenan alergias?


En principio, cualquier sustancia puede ser causa de una reacción alérgica. En casos extremadamente raros, algunas personas pueden incluso reaccionar de forma alérgica al agua.[3] En el caso de las alergias alimentarias existen, sin embargo, 14 alimentos que constituyen los alérgenos más habituales. Son los huevos, los cacahuetes, el pescado, los crustáceos, los cereales con gluten, los frutos de cáscara, los moluscos, la soja, el altramuz, las semillas de sésamo, la mostaza, el apio, la leche de vaca, el dióxido de azufre y los sulfitos.[4] También la bisutería (níquel), los textiles, los desinfectantes, los animales, los productos de látex, los medicamentos y muchas otras sustancias pueden provocar reacciones alérgicas.[5] En la mayoría de los casos, los alérgenos mencionados pueden evitarse. Con los llamados alérgenos inhalados, que aparecen sobre todo en primavera, eso lamentablemente no es posible.

Entre estos alérgenos se cuentan el polen de árboles, gramíneas y hierbas, pero también el polvo doméstico, las esporas de mohos y el pelo de animales.[6] En el caso de la alergia al polen (coloquialmente fiebre del heno) aún no se han investigado del todo las causas que desencadenan las reacciones alérgicas. Se considera que los principales responsables son determinadas proteínas. Así, el polen de abedul contiene una proteína que protege al polen de las bacterias. Esta proteína está también presente en alimentos como manzanas, zanahorias y frutos secos.[7] Si el cuerpo reacciona de forma alérgica a ella (como ocurre en el 70 % de los alérgicos al polen de abedul), se habla de alergia cruzada. Cuando los anticuerpos, defectuosos en su función de defensa frente a endoparásitos, entran en contacto con estas proteínas, distintas sustancias endógenas, entre ellas la histamina (hormona tisular y neurotransmisor), provocan una reacción inflamatoria. Con ello, la piel, las mucosas y las vías respiratorias pueden reaccionar con enrojecimiento, picor, hinchazón y mayor secreción.

3. ¿Por qué desarrollamos alergias?


Hasta hoy no se han investigado del todo las causas exactas de la aparición de las alergias. Lo que sí está claro: el estado actual del sistema inmunitario desempeña un papel decisivo. Este viene determinado sobre todo por dos factores: 

 

 

  • Por un lado, la predisposición genética y las influencias ambientales a las que estamos expuestos desde el nacimiento tienen una gran influencia. Ya el propio parto incide en nuestras defensas. En un parto natural, el sistema inmunitario del recién nacido se entrena directamente en el canal del parto por la influencia de las bacterias.[8] También influye si el bebé se alimenta con leche en polvo o leche materna en los primeros meses. Por su composición única, la leche materna no puede sustituirse de forma equivalente por leche en polvo.
  • Además, distintas sustancias como los aditivos alimentarios, los antibióticos, los pesticidas, los plastificantes de los plásticos, la contaminación del aire y muchos otros factores están bajo sospecha de participar en la aparición de las alergias.

4. ¿Qué puede reducir el riesgo de desarrollar una alergia?


Para evitar la aparición o el agravamiento de alergias existentes, conviene reducir la exposición a tóxicos en el día a día. Para ello se recomienda prescindir de sustancias que demostradamente puedan desencadenar alergias o que simplemente estén bajo sospecha de hacerlo. 

Por eso tenemos tres consejos importantes:

Quitar el polvo

El polvo doméstico, presente en cualquier vivienda, es un peligro infravalorado para la salud. Una posibilidad sencilla y sobre todo gratuita de aliviar y prevenir las alergias: quitar el polvo. El polvo doméstico contiene, entre otras cosas, ácaros y sus excrementos. Sobre todo los excrementos de ácaros contienen componentes alergénicos y pueden provocar síntomas alérgicos por contacto cutáneo e inhalación. Una sola cucharadita de polvo del dormitorio contiene de media unos 1000 ácaros y 250.000 bolitas de excrementos microscópicas.[9] Pero este no es el único peligro que acecha en casa. Así, plastificantes de los plásticos, retardantes de llama e incluso productos de protección de la madera prohibidos desde hace mucho pueden acumularse en el polvo doméstico.

Muchas de estas sustancias son demostradamente cancerígenas o, al menos, están muy bajo sospecha. Algunas de ellas pueden incluso alterar nuestro sistema hormonal. Preocupa en especial la combinación de todas estas sustancias presentes. Si el polvo no se elimina, acaba inevitablemente inhalado. Por eso, sobre todo los alérgicos deberían quitar el polvo con regularidad.[10][11][12] Para las personas alérgicas a los ácaros del polvo doméstico tiene especial sentido utilizar un aspirador con buena capacidad de retención del polvo y un llamado filtro HEPA.[13]

Evitar el aluminio

Otro punto para la prevención de alergias es evitar las exposiciones innecesarias al aluminio. El aluminio, un metal ligero, está omnipresente en nuestro día a día: aparece de forma natural como oligoelemento en la corteza terrestre, el agua y los alimentos, y se necesita para diversas aplicaciones técnicas. Este aluminio natural no supone en esa forma una amenaza para las personas, igual que tampoco lo es una bicicleta con cuadro de aluminio. Por desgracia, el aluminio en forma modificada también se encuentra en algunos productos cosméticos, como los desodorantes. Y alimentos como las mezclas preparadas para repostería, la sal de mesa y los alimentos infantiles suelen contener también una proporción de aluminio.

Como aditivos E, los compuestos de aluminio se emplean, entre otros, como colorante E173 (aluminio), estabilizante E520 (sulfato de aluminio) y antiaglomerante E554 (silicato de aluminio y sodio). Estas sustancias están declaradas seguras, pero hay una pega: los ácidos orgánicos presentes en numerosos platos, como el ácido cítrico, el ácido láctico y el potenciador del sabor glutamato, pueden aumentar enormemente la absorción del aluminio, de modo que llega demasiado al cuerpo.

¿Y qué tiene todo esto que ver con las alergias? En experimentos con animales se ha visto que determinados alimentos junto con hidróxido de aluminio pueden desencadenar alergias de forma artificial [14][15][16]. Cabe suponer, por tanto, que el aluminio también puede participar en la aparición de alergias en las personas. Por ello, los expertos recomiendan una alimentación natural sin aditivos innecesarios. Una alimentación sana con abundantes verduras y con el mínimo posible de azúcar aislado y aditivos mantiene además sana la flora intestinal, que también desempeña un papel importante para nuestro sistema inmunitario.

Reducir la higiene excesiva

El cuidado corporal y la limpieza de la cocina y la vivienda forman parte de una buena higiene básica. ¡Pero también hay demasiado de lo bueno! Limpiar y sobre todo desinfectar en exceso dentro de las propias paredes puede generar, especialmente en niños, un mayor riesgo de alergias. La llamada hipótesis de la higiene explica el rápido aumento de la frecuencia de la fiebre del heno y el asma en los países industrializados. Se basa en distintas observaciones, entre ellas que los niños que crecen en granjas enferman claramente menos de asma, fiebre del heno u otras alergias que los niños de las ciudades.

Según la hipótesis, esta confrontación con gérmenes a edad temprana es un entrenamiento importante para desarrollar un sistema inmunitario fuerte. Aunque la comisión de medicina ambiental del Instituto Robert Koch no considera esta hipótesis suficientemente probada, muchos médicos la ven coherente.

Por eso tiene sentido mantener la medida justa de higiene y usar el desinfectante solo cuando sea realmente necesario.[17][18] Eso no significa, a la inversa, que las esponjas de cocina, las toallas y demás no deban cambiarse con regularidad. Más bien debería animar a usar los productos de limpieza con moderación. Para eliminar solo el polvo doméstico basta perfectamente con pasar un paño con agua. Los expertos recomiendan asimismo emplear productos de limpieza sin perfumes añadidos, para no irritar innecesariamente las vías respiratorias.

5. ¿Qué se puede hacer contra una alergia?


Para librarse de las alergias puede ayudar un tratamiento médico en forma de hiposensibilización, también llamada desensibilización o vacuna antialérgica. En él, el paciente se expone repetidamente durante un largo periodo a una cantidad muy pequeña del alérgeno, con el fin de poner fin a la respuesta inmunitaria excesiva.

Este tipo de tratamiento se realiza normalmente durante un periodo continuo de 3 años y ofrece, en el caso del polen, una tasa de éxito del 60-70 %.[19] Para un alivio más rápido, además de un tratamiento farmacológico, también pueden resultar útiles el fortalecimiento del sistema inmunitario y la reducción de la exposición. Los complementos alimenticios naturales ofrecen asimismo el potencial de un alivio rápido, y eso sin un tratamiento de años.

El tratamiento natural 

Quercetina


La quercetina  es una sustancia vegetal secundaria de origen natural del grupo de los flavonoides. Sirve a las plantas para protegerse de las condiciones ambientales, por ejemplo para resistir a los depredadores, al daño de la radiación UV y a otras influencias. Este prometedor nutriente con efecto antioxidante recibe también cada vez más atención para el tratamiento de las alergias. Muchos médicos ven en la quercetina un nutriente prometedor para ofrecer en el futuro una alternativa natural al alivio de los síntomas alérgicos. 

 

Un estudio demuestra la eficacia

 

En otro estudio japonés, la quercetina inhibió de forma significativa la liberación de histamina estimulada por antígenos. El efecto de la quercetina fue casi el doble de fuerte que el del cromoglicato sódico (antihistamínico convencional para la fiebre del heno) a igual concentración.

Cabe suponer, por tanto, que las personas que sufren mucosas inflamadas pueden beneficiarse de la quercetina.[21]



Aun así, se necesitan más investigaciones para demostrar un alivio completo de las alergias con quercetina. Lo que sí está claro: según diversos estudios, la quercetina tiene un efecto positivo sobre la estabilización de las células de defensa responsables de la liberación de histamina. La histamina desempeña un papel central en las reacciones alérgicas. Se reduce la liberación de sustancias responsables de las reacciones alérgicas y tanto los síntomas como la propia reacción alérgica resultan más leves. Para obtener el mejor efecto se recomienda la toma preventiva de quercetina dos semanas antes del inicio de la temporada de alergias. Después puede continuarse la toma de la sustancia vegetal hasta el final de la temporada.[22][23]

Vitamina C


Que un aporte suficiente de  vitamina C  es necesario para un sistema inmunitario que funcione con normalidad lo sabemos desde hace mucho.[24] Por eso no debería llegarse siquiera a una carencia. Sobre todo con estrés físico y psíquico, así como con una mayor exigencia del sistema inmunitario, suele consumirse bastante más vitamina C de lo habitual. Además se ha visto que una porción extra también puede aportar un valor considerable en personas alérgicas.

Los investigadores hallaron que, con un nivel plasmático bajo de vitamina C, la concentración de histamina en sangre aumenta de forma exponencial. Un aporte equilibrado de vitamina C se sitúa normalmente entre 0,5 y 1,5 mg por 100 ml.[25] Si el nivel de ácido ascórbico cae, sin embargo, por debajo de 0,7 mg por 100 ml, se produce un aumento altamente significativo del nivel de histamina en sangre, que favorece las alergias.[26]

Además, estudios epidemiológicos han mostrado que podría existir una relación entre la ingesta de vitamina C y la aparición del asma. Según los estudios, un aporte insuficiente de antioxidantes y de distintas vitaminas de la alimentación, como la vitamina C, puede favorecer esta enfermedad pulmonar.[27]

Un estudio de la Universidad de Erlangen ha mostrado además que el aporte de vitamina C influye de forma esencial en la concentración sérica de histamina. En el estudio se administró por vía intravenosa una dosis alta de vitamina C tanto a pacientes con alergias como con enfermedades infecciosas, y a continuación se constató un descenso significativo de la concentración de histamina. En los pacientes con enfermedades alérgicas ese descenso fue incluso mayor que en los pacientes con enfermedades infecciosas.[28] 

Vitamina D: la vitamina del sol


Para que el sistema inmunitario pueda funcionar plenamente, es igualmente esencial un aporte suficiente de  vitamina D3  y  zinc  en el cuerpo. Nuestras células inmunitarias humanas (linfocitos B, linfocitos T y células presentadoras de antígenos) poseen todas receptores de vitamina D3. No en vano puede, por tanto, la vitamina D influir en la adaptación innata de nuestra respuesta inmunitaria.

Una carencia de vitamina D se asocia a una mayor autoinmunidad y a una mayor propensión a las infecciones.[29][30] Aunque las opiniones difieren entre los organismos oficiales y los médicos, está claro [31] que la radiación UV-B en invierno es demasiado escasa para que el organismo pueda producir por sí mismo suficiente vitamina.

Un riesgo especialmente alto de carencia de vitamina D lo tienen las personas con enfermedades crónicas, por ejemplo del hígado, los riñones y el tracto gastrointestinal. También las personas que pasan poco tiempo al sol, que se cubren o velan la piel o que tienen un tipo de piel más oscuro presentan un riesgo mayor de carencia. Por eso los expertos recomiendan mantener constantemente las reservas de vitamina D o, en caso de carencia, reponerlas rápida y eficazmente.

El oligoelemento zinc


Además, el sistema inmunitario está influido por el oligoelemento esencial que es el  zinc . La relación entre el zinc y el sistema inmunitario es compleja, ya que existen distintos tipos de influencias. Por un lado, el zinc actúa como cofactor importante en más de 300 enzimas que influyen en diversas funciones orgánicas, entre ellas el sistema inmunitario.

Una  carencia de zinc  puede, por tanto, mermar mucho la capacidad de resistencia del sistema inmunitario. Incluso una carencia leve puede influir ya en el sistema inmunitario, por lo que en caso de carencia se recomienda una mayor ingesta de zinc.[32][33][34][35] La composición de la alimentación, la edad y el estado de salud influyen en la absorción del zinc, de modo que no puede decirse de forma general si existe una carencia. Unas uñas quebradizas con manchas blancas y estrías son, por ejemplo, un indicio claro de carencia.[36] Aun así, ante la sospecha de una carencia debería consultarse antes a un médico.

Fuentes

[1] https://www.ratgeber-allergie.com/was-ist-eine-allergie.html?gclid=EAIaIQobChMIm9bc95GK8AIVhv93Ch2fmQsKEAAYASAAEgL4JPD_BwE#s-2-1


[2] https://www.netdoktor.de/krankheiten/allergie/
[3] https://www.heilpraxisnet.de/krankheiten/wasserallergie-symptome-ursachen-und-behandlung/
[4] https://www.meduniwien.ac.at/hp/nahrungsmittelallergie/nahrungsmittelallergie/die-14-wichtigsten-allergene/
[5] https://www.allergie-freizeit.de/allergie/ausloeser/
[6] https://www.labor-lademannbogen.de/analysen/analysen-spektrum/liste-der-allergene-zur-allergiediagnostik/#c846
[7] https://www.allergie-freizeit.de/allergieformen/kreuzallergie/
[8] https://www.aerzteblatt.de/nachrichten/105736/Kaiserschnitte-fuehren-zu-hoeheren-Gesundheitsrisiken-bei-Babys
[9] https://www.pollenundallergie.ch/infos-zu-pollen-und-allergien/allergiezentrum/info-zu-allergien/allergien-intoleranzen/hausstaubmilbenallergie/?oid=1902&lang=de
[10] https://www.scinexx.de/news/medizin/unser-hausstaub-ist-voller-schadstoffe/
[11] https://www.spektrum.de/news/flammschutzmittel-im-hausstaub/769722
[12] https://www.spektrum.de/news/umweltbundesamt-warnt-vor-schadstoffen-im-hausstaub/943841
[13] https://www.daab.de/allergien/wichtig-zu-wissen/im-alltag/allergien-in-der-wohnung/putzen/
[14] https://www.gesund-aktiv.com/wissenswertes/nahrungsmittelallergien-durch-aluminium
[15] https://allergiefreie-allergiker.de/allergien/aluminium-allergie/
[16] https://www.br.de/wissen/aluminium-gefaehrlich-gesundheit-100.html
[17] https://www.allergieinformationsdienst.de/immunsystem-allergie/risikofaktoren/die-hygienehypothese.html
[18] https://www.rki.de/DE/Content/Kommissionen/UmweltKommission/Stellungnahmen_Berichte/Downloads/stellungnahme_hygienehypothese.html
[19] https://www.tk.de/techniker/gesundheit-und-medizin/behandlungen-und-medizin/asthma-bronchiale/tk-plus-bei-asthma-bronchiale/dmp-news/hyposensibilisierung-allergien-loswerden-2013330
[20] https://www.jstage.jst.go.jp/article/allergolint/58/3/58_3_373/_article/-char/ja/
[21] https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0091674995702970
[22] http://www.anaturalhealingcenter.com/documents/Thorne/articles/AllergicRhinitis.pdf
[23] https://bpspubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1038/sj.bjp.0706246
[24] https://eur-lex.europa.eu/legal-content/DE/TXT/?qid=1454323459180&uri=CELEX:32012R0432
[25] https://www.netdoktor.de/laborwerte/vitamin-c-ascorbinsaeure/
[26] https://academic.oup.com/jn/article-abstract/110/4/662/4770941
[27]https://rcm.mums.ac.ir/article_6473.html#:~:text=Epidemiological%20trials%20have%20suggested%20that,vitamins%20such%20as%20vitamin%20C.
[28] https://link.springer.com/article/10.1007%2Fs00210-013-0880-1
[29] https://jim.bmj.com/content/59/6/881.abstract
[30] https://academic.oup.com/ajcn/article/80/6/1717S/4690517?login=true
[31] https://www.bfs.de/DE/themen/opt/uv/wirkung/akut/vitamin-d.html
[32] https://www.cambridge.org/core/journals/proceedings-of-the-nutrition-society/article/zinc-and-the-immune-system/23B26245CF0F773E5F1AA19E9800B82B
[33] https://www.nature.com/articles/1601479
[34] https://academic.oup.com/jn/article/130/5/1399S/4686392?login=true
[35] https://immunityageing.biomedcentral.com/articles/10.1186/1742-4933-6-9
[36] https://zinkmangel.behandeln.de/zinkmangel-symptome.html